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Algo sucede esta noche
que mis sentidos están alertas
percibiendo lo que pasa alrededor.
A los lejos se escucha la melodía de un violoncello
que sublima mi alma evocando sentimientos.
En mi corazón se despierta la vieja lucha entre "ser"
y "no ser".
La música me sumerge en un letargo profundo,
pareciera que mi espíritu saliera del cuerpo,
le brotaran alas y revoloteara alrededor de mi cabeza.
Me miro. ¡Pobre
imagen la mía vista desde afuera!
Me he pasado la vida deseando volar y no muevo los
brazos,
no levanto la mirada hacia el horizonte,
no emprendo la caminata hacia los sueños;
"ser" o "no ser".
El violoncello sigue entonando la suave y melancólica
melodía
y yo cierro los ojos para pensar en mis deseos,
mis adormilados sueños.
Unos grillos escondidos
entre la yerba bañada de rocío
entonan sus cantos y me quedo escuchando atenta,
violoncello y grillos al mismo tiempo,
un concierto extraño que me va envolviendo en un
vértigo de añoranzas,
deseos reprimidos, ansiedades.......
De pronto, siento cómo los grillos se van acercando,
reptan por mi cuerpo, se introducen a mis oídos,
se instalan en mi estómago
y desde ahí escucho la fuerza de sus cantos
cada vez con mayor intensidad.
Me siento inquieta, algo muy dentro se agita, se
remueve......
Tengo miedo, ¿a qué? ¿por qué?
Los grillos de mi estómago resuenan con mayor fuerza,
su canto me sacude,
despierto de ese letargo en que se ha metido mi alma
durante tanto tiempo,
comienza a subir por la garganta convirtiéndose en un
grito ensordecedor que sale por mi boca,
que irrumpe la monotonía de la noche
y mi "ser" se rebela,
tirita,
palidece como los rostros de los muertos.
Después del grito;
el silencio,
un suave silencio que se apropia de mi piel,
de mis sentidos,
de mis labios que se estremecen al sentir el fresco
olor de la noche, la luna se asoma curiosa entre las
nubes
y quedo quieta sintiendo la paz del momento,
solos el silencio y yo.
El violoncello continúa
la suave melodía que
tranquiliza los latidos
de mi corazón y yo desfallecida quedo soñando
escuchando, sólo escuchando.
M.
Luna
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